Se ha ido la tinta

Hubo un día en que tinta latía por mis venas,

            en que fluía de mis dedos como del bolígrafo.

Hubo un día en que me faltó el papel para poder expresarme,

            en que no buscaba la inspiración sino que ella me buscaba a mí.

En ese día mi fuente de ideas era el grandioso mar,

            y me senté al lado del río por donde pasaban sus ideas sin cesar.

En ese día ni aun el bosque me podía satisfacer la necesidad de hojas,

            así que empecé a escribir en sus hojas naturales, nunca faltantes.

Era amigo de todos, y todos eran amigos míos,

            y conversaba con cualquiera persona, cualquiera emoción.

Daba la bienvenida a la alegría, a la tristeza, y a todos entre ellas dos,

            nunca dando a nadie la espalda, porque para todos había un hogar en mi alma.

Pero hoy en las venas no encuentro la tinta sino la sangre,

            y me doy cuenta de que soy sólo un hombre mortal.

Hoy tengo una pila de papel sin ninguna idea para llenarlos,

            orando que llegue la inspiración que en algún momento se fue.

Mi mar de ideas se ha convertido en un desierto inmenso,

            y mi río se ha secado como pobre florecilla en el sol.

Mi bosque generosamente me cubre con sus hojas,

            pero me lamento que no necesite ni una de sus caras.

Me parece que algo profundo ha cambiado y me lo perdí,

            porque ahora, como de la plaga, todos se huyen de mí.

Nadie se me acerca, por alguna razón que no entiendo,

            y me quedo sin ninguna gota de tinta con la que yo pueda escribir…

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